07 septiembre 2006

EJERCIENDO DE ABUELA




Cuando anoche llegaron mis nietas de Olivenza (Badajoz) y supe que iba a ejercer de abuela me puse muy contenta, pero claro…, no sabía que iba a hacerlo de abuela total, y de mis cuatro nietos a la vez.

A las once de la mañana me trajeron a las dos niñas (11 y 9 años) para que “pasara un rato con ellas”, los primeros cinco segundos estuvieron muy serias hasta que dije la palabra mágica: ¿nos vamos de compras…?

El resultado fue positivo, no se crean, dos horas de tiendas y cien euros menos en mi bolsillo: les gusta todo, díos mío, y yo no soy capaz de negarles nada. Me costó la décima parte de la paga de mi marido ganármelas, pero volvimos a casa cargadas de bolsas y con ellas colgadas de cada uno de mis brazos…
(Veo a mis nietas una vez al año, a lo sumo, creo que se entenderá el recelo inicial por ambas partes)

Mientras el móvil -que no sé utilizar- suena que te suena:
-Mamá ¿donde vamos a comer?
-¿A qué hora mamá…?
Hace mucho tiempo que no tenía la oportunidad de tener a todos mis hijos y nietos reunidos a la vez a si que pensé que cualquier sitio valdría , les dije que a las dos y media en el Buffet Chino que hay cerca de mi casa – eso me daría la oportunidad de ir andando y disfrutar del día soleado-
Nadie conocía el chino, así que todos estuvieron de acuerdo.

A los diez minutos de salir de casa el día se nubló y empezó a soplar un viento helado que empezaron todos a titiritar, pero eso fue lo de menos, lo peor fue que el Buffet Chino estaba desierto: no había ni camareros, ni comida…
¡Tierra trágame! – pensé con una sonrisa de oreja a oreja.

Los niños, muertos de hambre, no paraban de importunar; a los mayores no los miré, no deseaba saber lo que pensaban…

Por fin apareció una china -que se creía que sabía español- con una enorme sonrisa china pintada en su cara y venga hacer reverencias, la conversación que tuvimos fue esta:
-¿Queremos comer, hay comida…?
-Comida, si, comida si –más reverencias.
-Pero que sea rápido traemos un hambre de lobos.
-Lobo, no: pollo, ternera, cerdo.
-¿Tienen de todo lo que viene el la carta?
-Todo no, palillos –más reverencias-
-¿Cómo que palillos…?
Al oír la palabra “palillos” mis nietos, capitaneados por Saúl, mi hijo de catorce años, empezaron a corear: queremos comer con palillos, queremos comer con palillos… y se pertrecharon de, por lo menos, dos docenas de pares de ellos…

La Chinita la pobre, fue rápida y nos sacó de todo y no perdió la sonrisa, los niños no comieron casi nada ¡claro con palillos!, hasta la macaca de Valentina, que tiene veinte meses, estuvo toda la comida trasteando con los palillos.

Me alegré de que no hubiera más comensales en el restaurante Buffet ya que los niños se desmadraron y se lo pasaron en grande. De los mayores, salvo Aurelio, que es un santo, no quiero repetir los comentarios.

A las cinco de la tarde estábamos aparcando frente al Grupo de natación Santa Olaya donde competía mi nieto de nueve años, Javi.
Sonó el maldito móvil, la voz de mi hija, su madre, llorosa me dice:
-Mamá estoy en un ambulatorio, se me ha metido una cosa en un ojo y no puedo ver, me lo van a sacar, os he guardado sitio en las gradas con dos chaquetas negras y una blanca…
Javi se ha quedado solo en la competición.
-Vale, vale, no te preocupes y que te curen, y ya me tendrás al tanto…

Os juro que no miento pero todos los sitios guardados tenían chaquetas negras y blancas, encontrar el exacto fue una odisea bajo un calor de 29º, que hacía dentro del recinto de la piscina.

Las sillas eran duras, pequeñas e incomodas -permanecimos allí tres horas- sudamos a chorros -ya comenté la temperatura- , para colmo era la hora de “mi siesta”, ¡oh señor, mi siesta sagrada!, pero la cara de alegría de Javi al vernos aparecer, y verlo ganar en las dos competiciones en que participó, mereció la pena.
Confieso que grité como una loca animándolo, más tarde, le pregunté:
-¿Me escuchabas animarte, Javi?
--Claro, abuela, si chillabas más que nadie…

Después de la competición me vine a descansar un par de horas, pero éstas se convirtieron el veinte minutos - otra vez el asqueroso móvil-

-Mamá te mando a los niños para que los lleves a cenar unos perritos calientes en el muro de la playa, a mi me sigue doliendo el ojo –lo tenía tapado- y se lo he prometido.
--Vale, mándamelos y no te preocupes descansa…

Total, a las nueve y media nos fuimos otra vez a la calle con todos los niños -gracias a dios que vivo muy cerca de la playa, y que Aurelio seguía siendo un santo- , ellos ya habían intimado lo suficiente para que el jaleo y la juerga no parase ni un momento, yo a estas alturas no tenía ni piernas , pero… ¡Jolines, hay que ver lo que se estaban divirtiendo los malditos ¡, mi nieta María (nueve años) se colgaba de mi brazo y restregaba su cara contra mi manga como diciendo:
-¡Qué guay, abuela…!
Ya me diréis: “abuela” con la baba chorreando…

Cuando iban por el segundo “perrito caliente”, volvió a sonar la mierda ( perdón) del móvil.
-Mamá (ya tenía en el día de hoy gastado el nombre), estoy en urgencias de Cabueñes (Hospital central de Gijón), no podía resistir el dolor en el ojo y Juan (su marido) me ha traído para que me vuelvan a mirar, no sé cuando voy a tardar a sí que cuando termines llevas a los niños a mi casa y que se acuesten.
-¿Pero como los voy a dejar solos?, los llevo, pero me quedo hasta que vuelvas. Tú tranquila y no te preocupes.

A estas alturas del día – más de las diez-, tenía el cuello rígido como un poste de la luz, me dolían los pies, me zumbaba la cabeza y las piernas no me sostenían, pero…

Volvimos a coger el coche, meter dentro a todos los niños que parecían borrachos o poseídos y hartos de perritos calientes y enfilamos hacia la casa de mi hija (donde pernoctaban mis nietas) , estábamos aparcando cuando volvió a sonar el móvil:
-Mamá, un oftalmólogo milagroso ha aparecido por urgencias y me ha sacado los granos de arena que tenía en el ojo, tengo una heridita en la cornea pero ya no me duela nada: vamos para allá…
-Genial, Loló, ven pronto, que necesito descansar.

Después de doce horas con nietos he comprendido que ya no soy joven: me canso, pero… bien está lo que bien acaba, aún he tenido fuerzas para contarlo y pediros excusas por mi poca participación de estos días.

Lola Bertrand 29-4-2006

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Para la mejor abuela,madre y esposa.
Me gusta todo lo que escribes.
Tu lapa que te quiere y admira.
Besos

Anónimo dijo...

Me ha gustado mucho leer tus vivencias , llegué aquí por casualidad : volveré...
un amigo

CATI COBAS dijo...

Me gustó mucho ver este texto con sus ilustraciones, Lola. Es más lindo aún. Cati

Anónimo dijo...

REALMENTE PRECIOSO.
¡ESPERO QUE TENGAS OPORTUNIDAD DE REPETIRLO, INCLUSO CON TU NUEVO NIETO!
TE ECHO DE MENOS MAMÁ

Anónimo dijo...

Yo soy la del ojo. Gracias por estar a nuestro lado siempre. Me ha encantado el relato. Besos

Anónimo dijo...

Me encanta leerte las cosas cotidianas. Me da la sensación de cercanía y sencillez. Y las narras muy bien.
Un abrazo cotidiano.
Alena.